Archivo en ‘Expedicionarios’

Un Busto para Poncho

Por Mariano en , ,

Dic 26 2008
18:44

Aunque San Martín, O’Higgins y Lenin jamás pusieron un pie sobre tierras antárticas, en el continente asoman tres bustos que homenajean a estos tres padres de tres patrias. Sin embargo, hay quienes hicieron grandes proezas sobre el desierto de hielo sin recibir siquiera un apellido.

Tal es el caso de Poncho, nacido en base Esperanza el 10 de abril de 1961, hijo de Coca y Flecha, dos huskies de pedigree. A los 6 meses, el joven Poncho ya tiraba de un trineo y no pasó mucho hasta que su talento y don de mando lo colocaron al frente de su primer equipo como perro guía. Su instructor fue el Teniente Oscar Sosa, quien mediante órdenes precisas en inuktitut, la lengua esquimal, logró un rápido entendimiento con el cánido.

“Recuerdo que me ponía un cinturón grueso (de los que se usan para que el hombre traccione el trineo) y de este cinturón un tramo de tiradera de unos 15 metros, atado al cuello de Poncho. Al collar y no a un arnés, porque la fuerza de estos perros - que pueden arrastrar cada uno 30/40 Kg. durante 30/40 kilómetros por día - es tal que cansan a cualquiera. Al decir ¡auk! tiraba hacia la derecha del tramo de tiradera y al decir ¡grrr! tiraba a la izquierda. A la semana ya entendía perfectamente…”

En su abultado currículum de travesías antárticas se destacan la expedición terrestre Esperanza-San Martín del ’62 a cargo del Teniente Gustavo Giró Tapper y la Operación 90° al Polo Sur liderada por el General Jorge Leal. Pero sus laureles de héroe se los ganó rescatando a cuatro pasajeros de una avioneta accidentada.

Se habían intentado sin éxito todos los medios de rescate por aire y con tractores, sin embargo fue la patrulla de Poncho la única que, tras sortear peligrosas zonas de grietas de 300 metros de profundidad, logró llegar hasta los cuatro hambrientos y heridos accidentados. Se había confiado en la capacidad de este líder para detenerse ante el peligro, alertar a la patrulla, y evitar que hombres y trineo cayeran en las grietas ocultas por la nieve.

La expedición destinada a llevar la bandera argentina hasta el Polo Sur demandó todavía mayores esfuerzos: Poncho recorrió aquel año más de 3.000 kilómetros, saltó desde un avión en paracaídas y llevó auxilio a una patrulla perdida.

Así, mientras algunos pichichos apenas saben dar la patita, Poncho escribió parte de la historia nacional sobre la nieve antártica con sus poderosas patas. Marche aquí un breve pero solemne homenaje.


OK, perdimos

Por Juan en , , ,

Nov 28 2008
18:55

Nosotros alegaremos que perdimos por apenas 0,09 décadas; ellos, en cambio, dirán que nos superaron por más de 28 millones de segundos. O simplemente nos ignorarán. De todas formas, queremos felicitarlos como el inglés Robert Scott felicitó al noruego Roald Amundsen cuando se le adelantó un mes en la conquista del Polo Sur (Wikipedia).

A principios de este año, la Expedición a la Antártida de la Revista Weekend fue, según el sitio educativo Educ.ar, la primera expedición a la Antártida reseñada en un blog. Ahora, mientras pensamos un nuevo slogan para Antártida Abierta, leemos y recomendamos el blog de Marcelo Ferro y Juan Fernández. De todas formas, no ahorramos en resentimiento y les secuestramos sin permiso un par de fotos, si las quieren de regreso, que las vengan a buscar.


Chus

Por Juan en , ,

Nov 26 2008
20:31

Esta es Chus Lago. A pesar de que tiene casi toda la cara cubierta por antiparras, hielo, ropa, corderito y su nariz hinchada del esfuerzo para respirar, parece que sonríe. Está a 50º bajo cero en la cima del macizo Vinson (5.114 m), el pico más alto de la Antártida. Esto fue en 2004.

Hoy, la concejala de Vigo, España, está de paseo rumbo al Polo Sur. Después de un entrenamiento que incluyó dormir en cámaras frigoríficas y una temporada en Groenlandia, se propuso caminar sola 1200 km en lugares donde es casi imposible caminar 100 metros. En su blog se puede seguir un escueto diario de viaje que escribe un familiar suyo con los reportes que le transmite cada día desde un teléfono satelital.

Según cuenta la leyenda -y su sitio oficial-, fue la tercera mujer en escalar el Everest “sin ayuda de oxígeno artificial”. Así, mientras escribo esto sentado frente a un monitor y por la ventana entra una maraña de ruido y calor del microcentro porteño, sé que, al mismo tiempo, una mujer es un punto naranja que arrastra un trineo de 120 kilos en medio de una plataforma blanca a menos de 30 grados bajo cero, tan lejos de ninguna persona como yo no estuve nunca. Entonces pienso: Chus, ya fue, no era para tanto.