Archivo en ‘Chus Lago’

El pingüino trastornado

Por Juan en , ,

Dic 2 2008
12:41

Se manifiesta a veces en algunos pingüinos una conducta antisocial que los impulsa a caminar en sentido contrario a su comunidad. Mientras el grupo se dirige hacia el mar, el individuo “insano” les da la espalda para siempre y marcha con vehemencia continente adentro, donde no existen chances de supervivencia. Eso ocurre en este fragmento de Encounters at the end of the world (IMDB) de Werner Herzog (gracias Rolo).

En la rutina de cada mañana, durante estos pocos días que quedan hasta que la rutina de cada mañana no exista más, cuando me encuentro cara a cara con la hornalla y la prendo de un doble click, pienso en Chus Lago. Me la figuro arrastrando su trineo, contenta porque los vientos de 80 km/h hoy no son frontales y en su cantimplora térmica el hielo derretido hace algunas horas permanece aún en estado líquido.

Entonces imagino el fragmento de Herzog editado con imágenes de la travesía de Chus y relatado por un pingüino que mastica una anchoveta mientras reflexiona: “No quiero hablar de locura, pero algunos humanos se dirigen a una muerte segura sin que nadie los obligue”. Poco puede entender el pingüino de sponsors y helicópteros de rescate; así como yo, cuando prendo la hornalla, miro la llama azul y escucho en la radio acerca de las ballenas encalladas y otros animales suicidas, sé que ellos saben algo que yo no, pero que muy pronto, en la Antártida, quizás pueda respirar.


Chus

Por Juan en , ,

Nov 26 2008
20:31

Esta es Chus Lago. A pesar de que tiene casi toda la cara cubierta por antiparras, hielo, ropa, corderito y su nariz hinchada del esfuerzo para respirar, parece que sonríe. Está a 50º bajo cero en la cima del macizo Vinson (5.114 m), el pico más alto de la Antártida. Esto fue en 2004.

Hoy, la concejala de Vigo, España, está de paseo rumbo al Polo Sur. Después de un entrenamiento que incluyó dormir en cámaras frigoríficas y una temporada en Groenlandia, se propuso caminar sola 1200 km en lugares donde es casi imposible caminar 100 metros. En su blog se puede seguir un escueto diario de viaje que escribe un familiar suyo con los reportes que le transmite cada día desde un teléfono satelital.

Según cuenta la leyenda -y su sitio oficial-, fue la tercera mujer en escalar el Everest “sin ayuda de oxígeno artificial”. Así, mientras escribo esto sentado frente a un monitor y por la ventana entra una maraña de ruido y calor del microcentro porteño, sé que, al mismo tiempo, una mujer es un punto naranja que arrastra un trineo de 120 kilos en medio de una plataforma blanca a menos de 30 grados bajo cero, tan lejos de ninguna persona como yo no estuve nunca. Entonces pienso: Chus, ya fue, no era para tanto.