Después de la medalla dorada de Curuchet, el ciclismo nacional sigue regalando satisfacciones. Alvar Sobral, nieto del legendario Alférez José María Sobral, uno de los próceres antárticos, se ha convertido en el primer ciclista antártico argentino. Alvar es técnico del Conicet y desde 2003 viaja cada año a la Antártida para trabajar en campamentos.
El verano pasado conoció a un grupo de científicos norteamericanos que esta temporada volvieron con una mountain bike, pero no la usaban. Inspirado por el espíritu aventurero de su familia, pidió prestada la bici y recorrió siete kilómetros de un tirón, entre hielos, rocas y arroyos congelados.
Su abuelo pasó a la historia a principios del siglo pasado con la expedición de Otto Nordenskjold, tras sobrevivir dos años aislados en un refugio cerca de la Base Marambio. Al regresar escribió el libro Dos años entre los hielos. Alvar piensa que no hay que exagerar con la solemnidad de la disciplina antártica y promete enviarnos pronto las fotos de su hazaña.
Un mes de viaje, 7.500 kilómetros recorridos, ocho bases argentinas, dos extranjeras, el círculo polar antártico, tres barcos, dos aviones, siete pequeñas embarcaciones, moto de nieve y algún que otro vehiculito más tarde, estaremos -meteorología mediante- mañana de regreso en Buenos Aires.
Agradecemos a todos los que colaboraron con nosotros y nos apoyaron: La Dirección Nacional del Antártico, Cancillería, las Fuerzas Armadas, Prefectura, Google, todas las personas que empujan esas instituciones, a quienes visitaron el sitio en silencio, en mail y en comentario, al señor admin, a nuestras mujeres, familias, amigos y, sobre todo, a la Antártida.
Después del incendio, mañana se inaugurará la escuela 38 de Base Esperanza. En este fragmento del diario de Daniel Wepfer, el arquitecto del Comando Antártico del Ejército que estuvo a cargo de la obra, se puede entender cómo fue el proceso de reconstrucción.
(A Daniel -foto- lo conocimos cuando visitamos la base y es un habitual comentarista de este sitio.)
Enero 17
Hoy terminamos con el emparrillado de la escuela, … después de todo lo que implicó limpiar el terreno, retirar toda la capa de cenizas súper compactada y llegar a las bases de la anterior escuela… al fin y al cabo empezamos con el mecano… estábamos muy contentos de ver cómo la cantidad de toneladas de fierrerio empieza a tomar forma y me llama mucho la atención cómo se superpone la retícula del entramado con lo irregular del terreno… qué momento el poder constatar que el nivelado y la alineación de todas la columnas cerró bien… como tuvimos que resolver con economía de recursos y la maquinaria disponible, problemas que iban surgiendo del armado y el peso de algunas columnas que superaban los 500kg …y con la Gehl que es una retroexcavadora multipropósito que puede cambiar de función entre martillo neumático, Sampi o excavadora y con toda la gente del grupo de trabajo le encontrábamos la vuelta…
La vorágine del armado siempre está signada por el clima y el tiempo dedicado en la misma no tiene mucha relación si se trata de findes o días laborales… lo mismo sucede con la logística y manejo de los puentes aéreos cuando es necesario de traer o llevar a alguien.
Viendo la base desde la bahía, a la izquierda está el glaciar Buenos Aires. La meseta superior la usan para anevizar con un avioncito turbo hélice que se llama Twin Otter. El tema es que se trata de un glaciar que está de a poco desapareciendo y si no tiene la cantidad de nieve suficiente pone en riesgo el anevizaje.
Hace varios días que un grupo de ingenieros que estuvo trabajando en la puesta en marcha de dos aero generadores y una bióloga que estaba esperando volver a Jubany para trabajar sobre la base de unas muestras tomadas en la base para analizar la contaminación del suelo con metales pesados…, no tenían respuesta segura de cuándo iba a ser la partida.
Hoy subieron al Snow Cat para alcanzar la cumbre del Glaciar y comprobar si estaba en condiciones, igualmente terminó siendo una excursión de lujo (de la cual quise participar pero el vehiculo estaba lleno…). Tuvieron que volver y sin estar del todo seguros, la última noticia era esperar la llegada de dos helicópteros…
Científicos, estudiantes de doctorado, militares y trabajadores conviven en una base que funciona como un relojito. Jubany es la base científica argentina por excelencia, conducida este año por el teniente coronel Fernando Isla y Oscar González, jefe de base y jefe científico respectivamente.
En Jubany se realizan simultáneamente diversas investigaciones científicas. En el laboratorio germano-argentino-holandés Dallmann se concentran los estudios de biología submarina: comunidades bentónicas (residentes en el lecho marino) e ictiología (peces). En ambos casos, las investigaciones se enfocan en evaluar las repercusiones del calentamiento global y la presencia humana en su hábitat.
Además del Dallmann, aves, pingüinos y mamíferos marinos (elefantes marinos) son estudiados por biólogos de la Dirección Nacional del Antártico. Ellos evalúan las variaciones en éxito reproductivo, censo, contenido estomacal, muestras de sangre, y otros indicadores para profundizar el conocimiento sobre cada especie. En particular, los Petreles de las Tormentas y Skuas son objeto de investigación de estudiantes y graduados de la Universidad de La Plata.
Por otro lado, investigadores de la Universidad de Buenos Aires llevan adelante proyectos sobre microbiología y parámetros de microorganismos que permitan mejorar la degradación de hidrocarburos para aliviar el impacto de los derrames en la zona.
En el comedor de la base se respira un aire de “bar de enfrente de la facultad”. Café libre, música y paredes enfundadas con libros y más de mil VHS. Aunque por la ventana no pasan colectivos, apenas un barco cada tanto y el único ruido que altera el silencio antártico es el de los desprendimientos del glaciar de enfrente.